James Farley, de veintiún años, se derrumba tras una misión en Vietnam en la que varios helicópteros fueron atacados por las fuerzas enemigas ocultas en la densa selva vietnamita. Durante el intercambio de disparos, el soldado James Magel, compañero de Farley, resultó herido. El fotógrafo inglés Larry Burrows, autor de la fotografía, acompañaba a los marines norteamericanos y así relató los minutos posteriores cuando el helicóptero se alejaba de la situación de peligro: “La cara de Magel mostraba dolor y sus labios se movían ligeramente, pero, si estaba diciendo algo, el ruido del helicóptero lo ahogaba. Se veía pálido y me pregunté cuánto tiempo podría aguantar. Farley comenzó a vendar la herida de Magel. El viento de la puerta azotaba las vendas de su cara. Entonces, la sangre comenzó a salir de su nariz y su boca y una mirada vidriosa apareció en sus ojos. Fargel intentó desesperadamente la reanimación boca a boca, pero Magel ya estaba muerto. Nadie dijo una palabra”. La fotografía forma parte de un reportaje para la revista LIFE y estuvo rodeada de polémica porque la imagen de un soldado llorando desconsolado parecía poner en duda la masculinidad del ejército norteamericano. Burrows moriría años más tarde cuando el helicóptero en el que viajaba junto a otros periodistas fue abatido en Laos cuando cubría otro conflicto bélico, 1965.