Tres jóvenes Padaung o cuello de jirafa de la tribu tibeto-birmana Karenni pasean por Londres, 1935. Originariamente, el anillado Padaung era un signo de distinción y de respeto hacia estas mujeres. En la actualidad, se ha convertido también en un reclamo turístico, pero, como en tantas ocasiones, detrás del exotismo hay una verdad oculta. A las mujeres Padaung se les colocan los anillos cuando las niñas tienen cinco años presionando la clavícula hacia la caja torácica al tiempo que producen la ilusión óptica de un cuello alargado. El peso de los anillos, entre cinco y diez kilos, sobrecargan la clavícula y las costillas que pueden llegar a desplazarse hasta 45 grados desde su posición original. La eliminación de los anillos es un signo de castigo. En ese caso, es posible que la falta de musculatura y la debilidad de las vértebras no soporten el peso de la cabeza, lo que puede provocar asfixia o un desnucamiento. Para evitarlo, las mujeres Padaung deberán permanecer acostadas el resto de su vida o sostener la cabeza entre sus manos al incorporarse.