Vitruvia y la Música: Gino Paoli

En 1966, la cantante Violeta Parra ponía voz y música a estos versos: “Gracias a la vida, que me ha dado tanto. Me ha dado el sonido y el abecedario. Con él, las palabras que pienso y declaro”. Unos meses más tarde, el 5 de febrero de 1967, se recostó en el suelo, se apoyó en su guitarra y se disparó un tiro en la sien. La vida ya se lo había dado todo, pensó antes de apretar el gatillo. 

En 1963, el cantante y compositor italiano Gino Paoli, con treinta años, agarró una pistola Derringer, apuntó a su pecho y disparó directo al corazón. Prefería morir, no porque quisiera dejar de vivir, sino porque quería dejar de sufrir. Sin embargo, erró el tiro y tuvo que aparcar su viaje al más allá para otro momento. Pasó, entre quirófanos y médicos, unos días algo complicados. Hoy, con noventa años, la bala que se disparó ese día triste descansa dentro de su caja torácica: los cirujanos de entonces hicieron lo que pudieron para intentar extraerla pero no supieron cómo hacerlo. Su recorrido, terminó a un par de centímetros del corazón y con ella quedó también la huella de los errores que el músico cometió con las emociones.

Gino Paoli era amigo de Luigi Tenco, otro músico italiano que con veintinueve años se pegó un tiro en pleno Festival de San Remo. Las cosas tampoco le iban nada bien y el sufrimiento amoroso le resultaba incompatible con la vida. Era un artista extraordinario y dejó mucha obra por hacer. 

Paoli, como Luigi Tenco, estaba “enfermo de amor”, un trastorno que te sitúa al principio de un túnel del que no logras ver la salida. El poeta Leopoldo Lugones también murió por amor, pero antes de suicidarse advirtió en un poema: “Morir y amar. ¡Ay de mí! Qué dos cosas tan parecidas”.

Gino Paoli (Monfalcone, 23 de septiembre de 1934) es uno de los mayores exponentes de la música italiana de los años sesenta y setenta. Ha escrito canciones que hoy son clásicos muy conocidos e interpretados en la música popular como Vivere Ancora, La Gatta, Senza Fine, Sapore de Sale o, la escogida por Vitruvia, Il Cielo in una Stanza (El cielo en una habitación). 

En esta canción, Gino Paoli describe de forma concisa la intensidad de sus relaciones amorosas, que fueron variadas y simultáneas, su capacidad de enamoramiento y, hasta cierto punto, la fuerte dependencia que, sin advertirlo, se ponía en marcha cuando surgía el amor. Con la misma intensidad, vivió también las rupturas y, con ellas, los conflictos y las frustraciones que siempre las acompañan.

Conoció a la cantante Ornella Vanoni en 1960, estando él casado. Ella definió su primer encuentro como un relámpago. Más tarde, hubo otros muchos, pero siempre nocturnos y a escondidas. En aquellos años se enamoró también de la jovencísima actriz Stefania Sandrelli con la que más tarde tuvo una hija y poco tiempo después una ruptura tormentosa que concluyó, como ya se dijo, en forma de disparo en el pecho. Ornella Vanoni se casó por resentimiento con otro hombre en una aventura algo temeraria que apenas duró un par de años. Previamente, Gino Paoli la amenazó con entrar en la iglesia durante la ceremonia cantando Senza Fine, pero la cantante ya tenía decidida otra banda sonora para la vida que estaba por llegar. Hoy son grandes amigos y, de vez en cuando, siguen colaborando juntos sobre los escenarios. Nacieron con un día de diferencia, ella primero y él después.

Como otros muchos artistas, Paoli se hizo cantante y compositor oyendo discos en la niñez. Se sumergió en la música a través del jazz de Billie Holiday o Nat King Cole y de unas canciones que siempre llevan a cuestas múltiples tristezas y melancolías. Como autor, desde finales de los años cincuenta revolucionó la canción italiana junto a otros jóvenes artistas como Luigi Tenco, Lucio Dalla o Fabrizio De André. Hoy, en el último trayecto de su vida, cierra el círculo de su obra con un retorno al jazz de su infancia, grabando y actuando con músicos más jóvenes de la escena jazzística italiana.

De las veces que Gino Paoli ha grabado “Il Cielo in una Stanza” hemos escogido la que registró junto al gran pianista italiano Danilo Rea (1957) en el disco “Due come noi che…” de 2012. Es una grabación en vivo, íntima, relajada y crepuscular.

Las gafas negras de pasta de Gino Paoli, con sus cristales ahumados, no sólo esconden su miopía, sino también la incertidumbre, la tristeza y la melancolía vital que, sin embargo, proyecta sin ningún pudor en muchas de sus canciones. En otras tantas, aparecen el deseo, la sinceridad de los sentimientos, el apego al verse correspondido, el afecto, la excitación y las emociones intensas que producen las pasiones amorosas de las que ha sido protagonista.

 

 Esta canción es un ejemplo de todo ello. 

 

Javier Ferreiro.

 

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