Son las últimas cuatro parejas que todavía permanecen en pie durante un maratón de baile en Chicago (1930). Detrás de una imagen que puede resultar graciosa hay un espectáculo decadente y cruel. En los años treinta, durante la Gran Depresión, se hacía lo imposible para comer y dormir a cubierto. En los maratones de baile, las parejas bailaban durante días sin apenas descansar. Todo ello a cambio de un premio en metálico para la pareja ganadora y de comida y techo durante el tiempo que duraba la competición para el resto de participantes. El maratón más largo duró seis meses. Durante el transcurso de la prueba podían producirse ataques de histeria, delirios, colapsos e intentos de suicidio si la pareja descalificada estaba próxima a ganar el premio. Todo un espectáculo televisado que giraba en torno a la miseria y la pobreza y en el que los participantes iban perdiendo progresivamente la fuerza, la dignidad y las ganas de vivir.