Debussy viajó de París a San Petersburgo contratado por la acaudalada Nadia von Meck, dueña de todos los ferrocarriles de Rusia, para que pudiese disfrutar en su residencia de un pianista que interpretase la música de Chaikovsky, su protegido. Estuvo un tiempo a su servicio pero fue despedido y tuvo que hacer las maletas tras enamorarse de Sonia, una de las hijas de la señora von Meck.
En 1894, Debussy abrió el camino a la música del siglo XX con su composición Preludio a la siesta de un fauno , una obra que unos pocos años más tarde sería objeto de escándalo cuándo Vaslav Nijinsky tuvo la ocurrencia de bailarla casi desnudo.
Claude Debussy era de pocos amigos, huraño y solitario, de frente prominente y cabeza plana que trataba en vano de ocultar con un peinado que le daba un aspecto de sartén. Era sensualista, sibarita e irónico y el poco dinero que ganaba se lo gastaba solamente en él.
Durante diez años vivió en una buhardilla de Montmartre con Gabrielle Dupont quién lo mantuvo y lo cuidó esperando que se casase con ella. Claude la abandonó para casarse con Rosalie Texier y Gabrielle, con el disgusto, se pegó un tiro del que, sin embargo, logró sobrevivir. Debussy, tras un periodo de romance con Rosalie, también la abandonó para casarse con Emma Martell, una rica viuda que finalmente le podía garantizar una vida cómoda. Rosalie Texier, tras este desengaño amoroso, también se pegó un tiro y, como Gabrielle Dupont, también logró sobrevivir.
En 1918, pocos meses antes de que finalizase la primera guerra mundial, cuando Debussy tenía 56 años y libraba la batalla final de su vida contra el cáncer, fue víctima de un bombardeo alemán sobre París del que, al contrario que sus amantes y esposas, no logró sobrevivir.