Brahms nació en Hamburgo en 1833. De su primera sinfonía alguien dijo que era la décima de Beethoven, dando a entender que por fin se había llenado el vacío que había dejado el inmortal compositor de Bonn.
Johannes Brahms fue hijo de un contrabajista que tocaba en una pequeña orquesta de un teatro local. A los siete años comenzó sus estudios de piano. Con el tiempo adquirió la capacidad de tocar a primera vista casi cualquier partitura descifrándola al instante. A los quince años lo contrataron como pianista en un burdel. La compañía femenina que encontró en este sitio le acompañó durante toda su vida. Uno de sus profesores de música lo introdujo en el grupo de Robert Schumann. Al conocer al gran compositor romántico, encontró también a quien sería su amor imposible: Clara Wieck, esposa de Schumann y una de las grandes pianistas de su tiempo, con la que estableció una larga y profunda relación artística e intelectual con tintes amorosos. Estuvo profundamente enamorado de ella.
Brahms se mantuvo soltero toda su vida. Pensaba que las cadenas del matrimonio eran tan pesadas que no eran suficientes dos personas para llevarlas. A punto estuvo de casarse con la cantante Agathe von Siebold, pero consideró prudente retirarse a tiempo de esta tentación peligrosa.
En una cena en su honor, el violinista Joseph Joachim propuso un brindis a la salud del más grande compositor. Brahms, con la humildad de los inteligentes, se levantó de inmediato y con la copa en la mano gritó: “Viva Mozart”.
Murió en 1897 a los 64 años, todavía soltero y aún enamorado de Clara Wieck, fallecida un año antes.