La grandeza sólo pertenece a quien rechaza esa posición.
El mismo Chopin llegó a comentar en alguna ocasión que él no era más que un pobre aprendiz de piano en comparación con los grandes pianistas de su tiempo como Hummel o Kalkbremer. Y esto a pesar de que cuándo se graduó en el conservatorio de Varsovia, en el informe final había una nota de los maestros a pie de página que decía: “¡Un genio!”.
Chopin fue un extraordinario ejecutante de piano y como compositor sus obras abarcan casi todas las posibilidades que este instrumento es capaz de ofrecer.
Al final de su corta existencia se encontraba extremadamente débil. Sin embargo, a quien le preguntaba sobre su salud, él siempre respondía: “¡Nunca me sentí mejor!”. Poco antes de morir, pidió a sus amigos que tocaran algo para él mientras abandonaba este mundo. Cuándo se dispusieron a tocar algo suyo, él replicó: “Oh, no, nada mío, toquen realmente música buena: Mozart, por ejemplo”. Sin embargo, su amigo Franz Liszt se sentó al piano y lo despidió con el Preludio en mi menor compuesto por Chopin para su propia muerte. La sencillez y melancolía de sus propias notas lo acompañaron hasta el último momento.
(1975)
James Rhodes LO ELIMINAMOS.