“Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”. Los que lo conocieron dicen que James Dean citaba con frecuencia esta frase de la película “Llamad a cualquier puerta” de Nicholas Ray. Encogido de hombros, con un cigarrillo Chesterfield en la boca, las manos en los bolsillos y su imagen reflejada en un charco que la lluvia formó en el pavimento de Times Square, Nueva York, James Dean camina pensativo. Con sólo 24 años y apenas tres películas, está en la cumbre de su carrera. Nunca llegará a cumplir 25. El 21 de septiembre de 1955, estrenó su flamante Porsche 550 Spyder al que bautizó como “Pequeño Bastardo”. Dos días más tarde, en un restaurante, el actor Alec Guinnnes le advirtió de que con aquel automóvil tan siniestro podría acabar muerto en una semana y que no debería conducirlo. Y eso mismo ocurrió exactamente. James Dean falleció a los siete días en un accidente de circulación de camino a una carrera de coches en California. A veces la muerte te convierte en un mito y, sin embargo, el mito te hace inmortal. Fotografía de Dennis Stock, 1955.