“Niña trabajadora en una hilandería de Carolina” (Fotografía de Lewis Hine, 1908). No es lo mismo decirlo que verlo y, a veces, haberlo visto no es suficiente para saber contarlo. Esta es la razón por la que el fotógrafo Lewis Hine cargó su cámara y recorrió Estados Unidos denunciando las injusticias del mundo que vivía. Sus imágenes retrataron la pobreza, la tristeza y la desolación de unos niños que no vivieron la infancia. El cincuenta por ciento de los trabajadores de las hilaturas de algodón de Estados Unidos tenían diez años de edad media y muchos de ellos no sabían leer ni escribir. La explotación laboral infantil favorecía el trabajo en condiciones precarias y en ambientes insanos. La revista norteamericana Solidarity, en su número de marzo de 1907, denunció lo siguiente: “¡Cuántos de estos niños inocentes, seres humanos creados para poblar este mundo, no pueden ir a la escuela porque carecen de ropa, calzado y, sobre todo, de alimento! Porque las madres tienen que trabajar en las fábricas y no pueden atenderlos en sustitución de unos padres que han muerto a miles”. Cuando en un fotógrafo confluyen los valores morales y el compromiso social su obra se convierte en un instrumento poderoso para que el mundo avance.