Chaikovsky afirmó que toda su vida había constituido una sucesión de infortunios debido a su sexualidad. Su homosexualidad “domesticada” en una Rusia zarista que podía castigarle con la humillación pública y la deportación a Siberia, la muerte de su madre, a la que estaba muy apegado, cuando todavía era un niño de 14 años clausurando su adolescencia al encararle con la certeza de la muerte, sus estudios en la Escuela de Jurisprudencia obligado por un padre muy riguroso, un matrimonio fallido que apenas duró tres meses, la desconfianza en su capacidad artística, el desasosiego y la incertidumbre permanente condicionaron su música intimista.
Durante una travesía por el mar Negro, Chaikovsky cayó cautivo de los encantos del joven Alexandr Vladimítovich a quién cortejó sin disimulo. El joven era sobrino del conde Stenbock-Fermor que se enteró de lo sucedido en el barco. Éste escribió una carta al zar Alejandro III acusando al compositor de sodomía y perversiones sexuales. La misiva fue entregada a Nikolai Jacobi, secretario del soberano y discípulo de Chaikovsky en la Escuela de Jurisprudencia. Jacobi, antes de entregar la carta y desencadenar la deshonra de esta institución, convocó un “tribunal de honor” formado por ocho ex alumnos de la escuela en presencia del propio compositor. Chaikovsky aceptó angustiado la sentencia: suicidarse para evitar una futura reincidencia. Una vez en casa se envenenó con arsénico. Dos días después, la prensa divulgó la noticia de que el gran Chaikovsky había fallecido víctima del cólera evitando que la carta llegase a su destino. Se organizó un pomposo funeral y el cuerpo del compositor fue enterrado en San Petersburgo acompañado por una multitud de admiradores.