Vitruvia y la Música: Jóhann Jóhannson

En la cabeza de Orfeo, ese personaje de la mitología griega que amansaba a las fieras cuando tocaba su lira, hierve la negación, la ira, la frustración y la pena al descubrir que su joven esposa Eurídice ha muerto por culpa de la picadura de una serpiente cuando huía a través del bosque de un cazador que quería forzarla. Era tan grande su dolor que descendió a lo más profundo del inframundo para seducir con su música a Perséfone, diosa de los infiernos, con la esperanza de que ésta le concediese el privilegio de regresar a la vida con su esposa y retomar de nuevo el placer de las pasiones. 

El dolor en la vida se produce cuando se convierte en pasado lo que se vive con felicidad en el presente. Sobre el ánimo de Orfeo, el consuelo del amigo no ejercerá efecto alguno. Su dolor es tan intenso que no le permitirá encajar la despedida imprevista, perderá el sentido de su existencia y, finalmente, morirá en vida.

La fábula que surge de la imaginación de los humanos puede tener giros inesperados. Los finales felices, aunque a trompicones, siempre son desenlaces deseados y, aunque seamos seres defectuosos, normalmente terminamos por encontrar un final feliz que nos reconcilie de nuevo con una condición humana que nos sumerge demasiadas veces en historias desgraciadas.

Perséfone sucumbe a la música de Orfeo y le permite regresar a la vida junto a Eurídice. Sólo le impone una condición: durante el viaje de regreso deberá caminar delante de su esposa sin mirar hacia atrás hasta que la luz del sol los cubra por completo. Se trata de un capricho demoníaco con segundas intenciones que tendrá sus consecuencias. Al salir del inframundo, Orfeo duda del compromiso de Perséfone y se gira desconfiado. Ve detrás a su esposa, pero advierte que uno de sus pies todavía permanece en la sombra. Ella desaparece ante sus ojos y del corazón de Orfeo emerge con fuerza el sentimiento de culpa que siempre aparece cuando caemos en la imprudencia que acompaña a la incertidumbre que nos angustia. Sobre Orfeo cae también el peso de la vergüenza y su vida vuelve de nuevo a ser trágica y dolorosa.

Orfeo morirá poco tiempo después de este viaje de ida y vuelta al infierno a manos de unas mujeres encolerizadas que embelesadas por su belleza habían intentado seducirlo sin obtener respuesta favorable alguna. Finalmente, encontramos el desenlace que deseamos y una vez más vemos la luz que aparece al final del túnel: con su muerte, puede reunirse al fin con Eurídice en ese inframundo que ya le resulta conocido y disfrutar eternamente de un amor apasionado. 

El mito de Orfeo ha servido de argumento a la primera obra reconocida como una ópera en la historia de la música. La compuso Claudio Monteverdi a principios del siglo XVII. Desde entonces, esta fábula de la mitología griega ha sido fuente de inspiración para otros artistas de la música como Lully, Gluck o Stravinsky, pero también de la literatura y el cine. En 1991, Philip Glass terminó la ópera en dos actos “Orphée” inspirada en la película homónima de Jean Cocteau de 1950. En 2016, el compositor islandés Jóhann Jóhannson publicó una obra con el mismo título para el sello discográfico Deutsche Grammophon. Los asuntos del amor no son perfectos, a veces, también son demasiado complejos y tormentosos, pero, pese a ello, nunca pasarán de moda, ni para los que los viven en primera persona ni para los que los cuentan a través del arte. 

 

Buenas noches, día.

En 2018, Jóhann Jóhannson apareció muerto en su apartamento de Berlín por una sobredosis de medicamentos y cocaína. Tenía 48 años. Su obra musical ha servido de banda sonora para el cine, el teatro y la danza contemporánea. En “Orphée”, combina la electrónica con la música clásica de influencia minimalista. De esta composición forma parte la pieza de apenas cuatro minutos “Good Night, Day”, un suspiro melancólico por la luz que desaparece de repente y que nos obliga a una travesía en la penumbra que deberemos recorrer para recuperar la felicidad perdida. Una línea melódica de la cuerda y el violín solista nos mantienen tristes y en suspenso durante toda la pieza. En la segunda parte, el lamento del violonchelo reemplaza a una voz humana que se quiebra por el dolor. La oscuridad ha sustituido a la luz y aparece el desconsuelo que convierte al día en noche.

 ¿Cómo es posible que la música triste produzca bienestar? La respuesta es sencilla: los estímulos de las melodías sobrecogedoras favorecen la introspección y la meditación silenciosa. Y en la tristeza de la música podemos mantener la distancia empática del que no es el protagonista de la historia.

 

Robert Doisneau (1912-1994).

Con la obra de este conocidísimo fotógrafo francés se ilustra esta pieza de Jóhann Jóhannson. En algunas de sus imágenes, también aparece la música a través del acordeón itinerante que con su melodía intenta conmover al bolsillo de aquellos que se divierten en los bares o de los que caminan por las calles. También hay parejas enamoradas -algunas predispuestas por el fotógrafo- que se besan en el presente convencidos de que su felicidad idílica y pasional nunca se convertirá en pasado. Y todo esto son referencias muy claras al mito de Orfeo. 

 

La tristeza llega a nuestra vida de forma recurrente, pero, en ocasiones, la música triste nos predispone para encararla con maestría cuando se presenta. 

 

Javier Ferreiro.

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